Cumplió en derramar la pared. Era una noche cualquiera, pensaba sin parar en como conquistar los reinos de colores.
Había pedido una recompensa que no podía guardar, pensó que siempre esperaría por ese momento. Varias veces lo habían convencido sobre lo inconveniente de los pedidos. Despertó preparado para soltar los globos sin mendigar.
Pero no había más espacio, los límites habían marcado su presencia, varios corrían por doquier y ante la calma divina, se conformó con dividir en miradas.