Morirse

El día que pensé por primera vez en morir estaba sentado, esperando una barrera que impedía cruzar las cimas de lo evitable. Supuse que sería lo más sencillo, como dormir, pero al instante la avalancha pasó ante nosotros y descubrimos, en medio de la locura, matices imaginados.

Intenté recorrer las veces que me encontré en la situación, sumé la muerte libre y los sentimientos, que como todos sabemos,  son solo circunstancias. No sirvió.

Lo agregué a él, al menos por costumbre, para sentir la compañía inútil en las llagas, y tampoco despejó. La barrera seguía ahí, y la espera no. Suspiramos, al menos la idea podría darnos algunas respuestas.

Cruzamos de un lado y del otro, miramos los bordes del vuelo, y descubrimos que ya no éramos sólo dos, como cada uno, pensábamos de nuevo, en morir con cada giro mínimo.

Y así, no descansamos hasta poner en el relieve, esas ramas que aún cortadas, nos entregan su sombra, esa sombra que impide ver todas las barreras.

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